Las Religiones son Sectas y las Sectas son Religiones

Nosotros, los portavoces de la AILP, declaramos nuestro total acuerdo con el principio de que es imposible establecer una clara distinción entre las religiones y las sectas que justifique conceder estatus diferente desde el punto de vista de un Estado laico. Las religiones son sectas y las sectas son religiones. Las diversas sectas cristianas, incluyendo la católica, no son más merecedoras de consideración que las basadas en el islám, la cienciología, el judaísmo, el pastafarismo, el hinduismo, el budismo u otras religiones. El Estado no tiene necesidad de estos grupos, y no debe dar cabida a ninguno de ellos.

De hecho, las principales religiones pueden tener más adeptos, historias más antiguas, o prácticas esotéricas más profesionales que las sectas menos reconocidas, pero estas diferencias de ninguna manera implican que los principios y dogmas de cualesquiera de ellas son más respetables que los de los demás, ni que sus instituciones o representantes merecen un mayor reconocimiento por parte del Estado. En todos los casos, se promueve tanto la libertad total de conciencia (lo que implica, por supuesto, la libertad de afiliarse a la religión-secta de su elección – o ninguna -) como la completa separación entre el Estado y las religiones-sectas.

Las diversas religiones-sectas pueden ser inocuas o peligrosas. El fraude financiero o las violaciones a los derechos y a la dignidad de las personas pueden producirse tanto en las religiones-sectas mayoritarias como en las minoritarias, o fuera de ellas. Corresponde a los códigos civil y penal proporcionar los recursos legales suficientes para llevar a los responsables ante la justicia y hacerlos responsables de sus actos, ya sean de un medio religioso o no.

Algunos gobiernos instrumentalizan una secta-religión – en especial la que tradicionalmente domina en el país – con fines políticos. En los Estados Unidos se utilizan las cristianas evangélicas. ¿Cómo no los vemos como el brazo “espiritual” de los EE.UU. en América Latina y África? Arabia Saudita mantiene influencia entre los países tradicionalmente musulmanes utilizando tanto el Islam como los ingresos por el petróleo. La camarilla de Putin ha restablecido una vieja alianza con la Iglesia ortodoxa a fin de asegurar su control sobre Rusia. En cada uno de estos casos, y en muchos otros, denunciamos el estado de privilegio dado a una determinada religión-secta en particular, es un estatus que amenaza la democracia y pone en peligro los derechos de la ciudadanía en general.

Christian Eyschen
Elbio Laxalte
Fernando Lozada
David Rand
Albert Riba
David Silverman
Antonio Vergara
Keith Porteus Wood

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