Día internacional del Librepensamiento
20 de setiembre de 2014

Declaración de la Federación Nacional del Librepensamiento, Francia


Amigos, ciudadanos, compañeros:

Les traigo el saludo fraternal de la Federación Nacional Francesa del Librepensamiento y la Asociación Internacional del Librepensamiento.

En el IIº Congreso de la A.I.L.P. fue donde se decidió hacer del 20 de setiembre el día internacional del Librepensamiento en todos los continentes. Esta fecha del 20 de setiembre es muy querida por nuestros compañeros librepensadores latinoamericanos. Existe un gran número de asociaciones del 20 de setiembre en los países del Cono sur de América.

Dichas asociaciones honran así la acción de Giuseppe Garibaldi, apodado “el héroe de dos mundos”. Desde hace mucho tiempo, el Librepensamiento asocia dos grandes figuras de la lucha por la emancipación universal: Simón Bolívar y Giuseppe Garibaldi.

Ellos tienen muchos puntos en común. Durante toda su vida, peligrosa y novelesca, Simón Bolívar peleó por la independencia de los países de América del Sur, la República y la liberación de los oprimidos. En Perú, hizo prohibir el trabajo forzado, liberó a los esclavos que lucharan por la liberación del país, e hizo ordenar por decreto que todos los hijos de esclavos, en adelante serían libres.

No por nada ingresó en la historia con el apodo de El Libertador. Liberación nacional, política, cultural, religiosa, adoptando así un andar fundamentalmente laico.

Al morir Simón Bolívar, Giuseppe Garibaldi tenía trece años. Más tarde, se adhirió al movimiento “Joven Italia” de Mazzini, cuyo objetivo era convertir Italia en una República democrática y unitaria.

También pelearía, en América Latina, en la mayoría de los países donde haría popular y simbólica la camisa roja de sus combatientes. Roja, pues al derramarse sangre en ella, se notaría menos. Roja, pues el rojo es siempre el color de los rebeldes y revolucionarios. Garibaldi cruzó todo el continente con sus brigadistas para liberar los países, siguiendo muy a menudo la misma ruta de Bolívar.

Y luchó intensamente en Italia por la unificación del país y la República. Laico, por supuesto, ya que era básicamente y ferozmente anticlerical. Combatiendo, Garibaldi participó en las Tres guerras por la independencia de Italia. El 8 de febrero, se proclamó la República en Roma. Garibaldi estuvo allí.

Dirigió la expedición de los Mil en Sicilia en 1861. Éxito rotundo cuya conclusión fue un plebiscito que permitió a Nápoles y Sicilia ingresar al Reino de Cerdeña, última conquista territorial antes de la creación del Reino de Italia, el 17 de marzo de 1861.

Así, después del desembarco de los Mil en Marsala, Garibaldi fue proclamado como “dictador” (en el sentido antiguo de la palabra, o sea “defensor de la República”), bajo el nombre de Víctor Manuel II. Prometió una reforma de los latifundios, y eliminar los impuestos a la tierra. Estas promesas atrayeron a sus filas legiones de campesinos que harían más fácil su victoria en Calatifimi y la prosecución de su campaña hacia el Norte. Al escuchar nombrar a Garibaldi, los campesinos invadieron los feudos de la nobleza latifundista y las tierras comunales. Por su lado, Mazzini propuso una Asamblea Constituyente que legalizó la propiedad de las tierras ocupadas. (1)

El 20 de setiembre de 1870, Roma fue incorporada a Italia. Las huestes italianas entraron a la ciudad papal por la puerta Pía. Fue el fin de los Estados Pontificales. Los sacerdotes iban a ser devueltos, según la famosa fórmula de Karl Marx, “a la soledad del rezo”. El viejo sueño garibaldino se cumplía.

Los Estados Pontificales representaban la tercera parte de Italia. Al unificar Italia, al suprimir el poder temporal del papa, volvían los italianos a hacer lo que los revolucionarios franceses en 1790, cuando nacionalizaran los bienes del clero y los inalienables que, también representaban un tercio de Francia. El Vaticano, seudo “Estado”, pero realmente supranacional, siempre estuvo en contra del advenimiento de los Estados-naciones.

Hay que subrayar el carácter profundamente internacionalista del actuar de Giuseppe Garibaldi. Para ello, él contaría con el apoyo de Karl Marx y Friedrich Engels. Garibaldi apoyó el alzamiento de los polacos contra el Imperio ruso en 1863. Recordemos que en Saint Martin Hall, en Londres, durante un mitín de apoyo a los pueblos irlandés y polaco, es donde fue fundada, el 28 de setiembre de 1864, la Asociación Internacional de los Trabajadores, la Primera Internacional.

Al empezar la guerra de Secesión en Estados Unidos, Abraham Lincoln le pidió que combatiera a su lado, por ser “el Washington de Italia”. Garibaldi aceptó bajo la condición de que Lincoln hiciera votar una declaración de emancipación total de los esclavos. En aquel momento, éste se negó a hacerlo, pero lo hizo en 1865, al finalizar la guerra civil, con la adopción de la 13ª enmienda de la Constitución. En 1862, impaciente por participar, Garibaldi quiso ir a guerrear con el ejército de la Unión pero, encontrádose herido, no pudo hacerlo. Sin embargo, un Regimiento Garibaldi, el 39º de infantería de Nueva York, fue creado en abril-mayo de 1861, bajo el mando de otro “veterano del 48”, el coronel húngaro Federico de Utassy, y una bandera, que Garibaldi había enarbolado personalmente durante las campañas de 1848-1849, fue presentada al regimiento que luchó con empeño en 1863 en Gettysburg.

Garibaldi estuvo luchando en Francia durante la guerra franco-prusiana en 1870. Inclusive, fue electo en la Asamblea Nacional, detrás de Louis Blanc, León Gambetta, Victor Hugo. ¡Vaya podio! Al quedar anulada esa elección, Victor Hugo renunció. La Comuna de París pidió a Garibaldi su participación, pero él se negó a immiscuirse en un asunto francés, él que tanto había luchado por la unidad de su país, Italia.

Cuando falleció, el 2 de junio de 1881, Victor Hugo escribió: “Italia no está de duelo, Francia tampoco, pero sí la Humanidad.”

Las dos gestas que más han inspirado a los revolucionarios italianos y latinoamericanos fueron las de Simón Bolívar y Giuseppe Garibaldi. Los dos iniciaron luchas por la emancipación política, por cortar los lazos que sometían sus pueblos a potencias extranjeras. Los dos emanciparon pueblos para unificarlos después de liberados. Los dos promovieron ideas republicanas, democráticas y de laicización del Estado y, con los límites propios de cada época, planes de reforma social y económica. Los dos libertadores tuvieron un destino patético: una vez terminada su epopeya militar, fuerzas reaccionarias hicieron trizas el proyecto político y social de ellos. (2)

Después de esta página de historia
parece útil hacer el paralelo con la actualidad de hoy

Celebrar la fecha del 20 de setiembre como Día Internacional del Librepensamiento, es afirmar nuestra voluntad de luchar contra todas las formas de opresión supranacional que vuelven a cuestionar la existencia de los Estados-naciones. Es afirmar que el supranacionalismo es contrario al Internacionalismo, el cual supone la existencia de las naciones, mientras que el supranacionalismo exige la desaparición de ellas. Es también afirmar la necesaria emancipación de la Nación francesa frente a los tejemanejes y las directivas europeas que amenazan su plena soberanía y los derechos y logros democráticos y sociales del pueblo.

En el momento en que países como Palestina, Siria, Libia quedan desmembrados por la voluntad del FMI, del Banco Mundial, de EE.UU. y de la Unión Europea, celebrar el día 20 de setiembre es oponerse a los gendarmes del mundo que piensan imponer a todos los pueblos sus imposiciones y voluntades. Pues hoy en día, es contra el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos que los EE.UU. y sus secuaces quieren imponer su derecho a disponer de los pueblos.

Celebrar el día del 20 de setiembre es también rehusar que se oponga a los ciudadanos de ambos sexos en nombre de la Carta Europea de las lenguas regionales o minoritarias, instituyendo derechos distintos según se utilice tal o cual idioma regional, pues eso sería fraccionar la República y crear derechos distintos según las regiones.

Celebrar el día 20 de setiembre es defender la obra de las revoluciones que han emancipado políticamente y unificado los pueblos, tal como lo hizo “la Gran Revolución francesa” según la expresión de Pedro Kropotkine, el revolucionario ruso. Por consiguiente, es también saludar el advenimiento de la primera República Francesa proclamada los 21 y 22 de setiembre de 1792, o sea casi exactamente 78 años antes, hito de referencia para los librepensadores del mundo entero.

Es rehusar que una religión, el catolicismo, pueda imponer sus dogmas a las Repúblicas, los pueblos y las naciones. Es decir claramente que los 14 concordatos católicos que causan estragos en Europa son reliquias feudales de los Estados pontificales. En Alsacia-Mosela, en nuestro país, todos los ciudadanos no resultan iguales en cuanto al ejercicio de su libertad de conciencia. Las religiones reconocidas reciben en subsidios un monto anual de 58 millones de euros.

La Libertad de conciencia impone que los fondos públicos no sirvan, según una práctica antilaica, a discriminar a los ciudadanos entre ellos. La Igualdad de los ciudadanos en derechos impone que se respete en todos lados la ley de Separación de las Iglesias y el Estado del 9 de diciembre de 1905. La Fraternidad impone el rechazo a las operaciones militaristas llevadas en nombre del “derecho de ingerencia” que no es más que un vestigio de las guerras coloniales.

Por medio de ese día internacional del 20 de setiembre, todo eso es lo que el Librepensamiento se propone celebrar en su lucha por la Emancipación integral de la Humanidad.

Ni dieu, ni maître !
A bas la Calotte et vive la Sociale !

Gracias por su atención.

(1) y (2) citados por Luis Britto García.


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